martes, 16 de abril de 2024
sábado, 6 de abril de 2024
mércores, 20 de marzo de 2024
martes, 5 de marzo de 2024
Luis Escavy: Victoria menor
HAY tres cosas
en las que nunca dejo de pensar:
los versos iniciales de la Eneida,
el número de errores cometidos
y en mis padres queriéndose de nuevo.
domingo, 18 de febreiro de 2024
mércores, 28 de xuño de 2023
mércores, 5 de abril de 2023
martes, 21 de marzo de 2023
luns, 13 de marzo de 2023
Lorca y el mundo gay
- Federico era un sinvergüenza -empieza diciéndome Pepe, utilizando el término con evidente aprobación-. Era un sinvergüenza y tenía una resistencia erótica formidable.
Una vez le visitó Federico en el campo, donde estaba con su madre. Pepe deseaba afeitarse y llamó al barbero. Éste mandó a su hijo, que tenía unos veinte años y era muy rudo, tipo campesino, fuerte y moreno. Federico abrió la puerta y volvió andando delante del chico, haciéndole enormes guiños a Pepe. Tenía los ojos en blanco y la boca abierta para expresar su admiración por el muchacho, que no podía ver los gestos porque estaba detrás.
Cuando el muchacho terminó de afeitar a Pepe, Federico insistió en que él también necesitaba afeitarse, pero no allí, en el estudio, sino en la habitación de Pepe, donde, dijo, podría lavarse mejor. Pepe temió por las intenciones de Federico, pero le dejó hacer. Al cabo de un rato vio salir al barberito cabizbajo. Luego vino Federico, todo sonriente y diciendo: "¿Me perdonas, Pepito, me perdonas?"
Solía decirle: "Pepito, todos los que tenemos lunares en la cara somos maricones. ¡Mira que tú tienes muchos!".
Ian Gibson: Lorca y el mundo gay (p. 324)






















