Amosando publicacións coa etiqueta Compostela. Amosar todas as publicacións
Amosando publicacións coa etiqueta Compostela. Amosar todas as publicacións

xoves, 28 de marzo de 2024

Muller vendendo lampreas polas rúas de Santiago (A.D., 1960)

 "Trae en su carne la canela de los bosques submarinos, y acaso por el sabor de la lamprea sepamos el de los besos de la sirenas".

Álvaro Cunqueiro

venres, 17 de marzo de 2023

Ruína do Colexio dos Irlandeses de Compostela

 Cuenta una persona cercana a los siete herederos del Pazo dos Irlandeses de Santiago que, entre “un montón” de ofertas de cadenas hoteleras que recibieron, hace pocos años el Centro de Estudios Irlandeses de Lovaina quiso retomar la sorprendente historia del palacete compostelano abriendo en él un colegio universitario. La institución de Lovaina data de 1607, poco después de que se fundase en Santiago el que fue durante 164 años refugio y bastión de católicos irlandeses durante las persecuciones ordenadas por Isabel I de Inglaterra para imponer el anglicanismo. Felipe II y familias escapadas de aquel país promovieron la creación de este y otros centros similares en España (Alcalá, Valladolid, Sevilla), en relación con otros 25 que surgieron por toda la Europa católica. Desde 1605 hasta 1769, cuando el inmueble ya estaba bajo el control de los jesuitas y después de que estos fueran expulsados (1767), el Colegio de Irlandeses en la meta de los caminos jacobeos se dedicó a formar futuros sacerdotes católicos para reevangelizar la isla.

La gran mayoría, tal y como revelan los listados y genealogías que aún guardan los dueños del pazo, eran hijos de familias nobles de Irlanda, que venían como niños y regresaban a su país como abanderados de San Patricio, el patrón nacional que se festeja cada 17 de marzo. Hoy, en medio de una guerra judicial y un largo pulso administrativo con el Ayuntamiento de Santiago, la mansión ubicada en el corazón de lo que llaman la “almendra” monumental de esta capital Patrimonio de la Humanidad agoniza, se rompe, se empapa con la lluvia y, según informa el consistorio, ha entrado a formar parte de la lista de 125 inmuebles “en ruina o próximos a la ruina” de la Compostela histórica. [...]


Poca gente, en Santiago, conoce la belleza que el pazo esconde en su jardín; sus galerías traseras de madera, de hierro y de vidrio de colores; su monumental escalinata interior; sus tallas antiguas de santos; el San Patricio en piedra policromada que vigila el pórtico del patio central; sus muebles de época, sus molduras, sus baldosas hidráulicas; o la ingente cantidad de documentos históricos que perduraron entre sus muros de granito a pesar de los sucesivos cambios de dueños y de usos. Todos los consultados coinciden en que el conocido como Pazo dos Irlandeses o de Ramirás, en el número 44 de la Rúa Nova, es la “gran maravilla sin descubrir” del listado de inmuebles en peligro. Allí se rodaron tres películas y, antes de la pandemia, cuando entró en una programación de rutas guiadas a los tesoros ocultos de la ciudad —Patrimonio Invisible—, se convirtió en la visita más demandada.

La familia Harguindey, repartida entre Vigo y Madrid, que posee el pazo “desde hace unos 140 años” según explica la persona relacionada con los herederos, concedía a todo ciudadano irlandés que se presentase el “privilegio” de verlo por dentro. Hasta 2022 solo había que preguntar en una farmacia cercana, y en la botica contactaban con Santiago Álvarez, un vecino de 80 años que de niño celebró allí su comunión y luego fue guardés. Álvarez seguía conservando un manojo de llaves para abrir la puerta a los peregrinos y turistas procedentes de Irlanda, algo que no estaba al alcance de los compostelanos. “Ahora ya no las tiene”, informa la misma fuente, “se las tuvieron que pedir para dárselas al arquitecto, porque ya están hablando con constructoras y tramitando un crédito para acometer una obra faraónica: sustituir por completo la cubierta y restaurar el escudo”.


[...] Desde el siglo XVIII, el solar que había acogido una de las sedes primigenias de la Universidad de Santiago y el colegio para irlandeses sufrió transformaciones. Fue reconstruido, engrandecido; sirvió de vivienda particular; de residencia de estudiantes en la que llegó a alojarse un tótem de la cultura gallega, el escritor Ramón Otero Pedrayo; fue Cámara de Comercio y local del Colegio de Licenciados en Filosofía y Letras. Hasta hace 18 años, lo habitaron varias hermanas Harguindey, pero ahora está vacío y, a juzgar por el agua que llega a la planta baja, inhabitable.

Artigo completo de Silvia R. Pontevedra (EP 17.03. 2023), aquí

domingo, 15 de xaneiro de 2023

Manuel Vicent: "El reino animal"

 Quienes de niños nos hemos criado como garduños en el campo recibimos las primeras lecciones de la vida observando a los animales. Por mi parte, antes de llegar al uso de razón ya me di cuenta de que había perros más buenos e inteligentes que sus amos. Como un hecho natural vi nacer a gatos, perros, conejos, corderos, mucho antes de saber cómo había nacido yo y por qué me lo ocultaban mis padres; también vi morir a algunos animales y con qué elegancia y serenidad lo hacían. Ya me gustaría poder acabar con la dignidad con que murió la yegua Maravilla, la que me llevaba con tanta alegría al mar los veranos. También asistí a las cópulas que ejecutaban para reproducirse, sin sospechar que algo parecido haría yo el día de mañana y que por eso mismo que hacían los conejos yo podría ser condenado al fuego eterno. A veces veía un anillo de cuervos graznando en el cielo y me extasiaba con su belleza que se debía a que en el monte había una alimaña muerta; un buen día oía gritar a los vencejos y entendía que ya era primavera y cuando cantaba el cuco al atardecer me olía que ya estaba cerca el calor. Recuerdo la intensa emoción al descubrir un nido en algún árbol; por su forma y por las motas que tenían los huevos sabía si era de jilgueros, de mirlos o de verderones y cuando tenía a uno de ellos en la mano sentía palpitar su corazón. En aquella edad de la inocencia uno también formaba parte del reino animal, pero luego en la escuela me enseñaron que algunos animales fueron dioses, que la serpiente introdujo en el paraíso la inteligencia en el cerebro humano, que antes de emprender una batalla los guerreros antiguos consultan el hígado de las ocas. Los animales eran un misterio, como lo sigue siendo hoy el que mi perra Lía con solo seis meses sea capaz de adivinar mis pensamientos. Cada mañana me espera al pie de la cama para jugar con la pelota en la boca.

(EP, 15.01.2023)

sábado, 14 de setembro de 2019

O fidalgo

 1855

No salón etiqueteiro da Rúa Nova, algunhas donas agardan impacientes. O coro das señoras maiores tamén agarda. Mais don Xoán non aparece. Pola porta só entran señoritas coñecidas. As de sempre. Noutro sarao, a elegancia montesía de don Xoán deixou sementadas flores de esperanza polo xardín das vidas femininas. Don Xoán, deica a mañá, deita onzas e onzas na mesa de xogo. [...] Leva trasfegadas moitas xerras de viño, pois el despreza os licores finos e as bebidas da cidade. Os parasitos extreman a súa admiración. Don Xoán, gardando unha superioridade sen decatarse diso, vai botando na mesa, en onzas como soles, centos de tegas de centeo, parellas de bois ornatos dos feirais e pasmo dos labregos, sementeiras, nabeiras, toradas de vellos carballos, dos que rexistran como arquivos nos fermosos circos do seu tronco, o maino e seguro decorrer das sazóns; mollos de viño, dereitos de señorío.

1885

Unha oficina polo serán. Chuvia nos vidros lixados. Fedor de cabichas. Traballo extraordinariio. Medo á chegada dun novo xefe. Testas encol das mesas. Don Xoán na súa. Como fidalgo, é moi dado. Nin lle parece mal que un antigo zapateiro, que lle fixo nun tempo moi boas botas de caza, lle fale desde a mesa veciña: "Ola, Juan". Don Xoán tiña unha serra de expedientes riba da mesa. [...] Don Xoán non sabe por onde comezar. Quizais pensa: "Como esstará a bodega do Ribeiro? O novo amo desfaría aquela pipa vella de carballo". [...] Don Xoán, saíndo da oficina, non quere mirar un grupo de rapazas que pasan. El ben coñece a figura da súa filla, a máis elegante. Leva ao seu carón un noivo. Un empregado de almacén. Don Xoán, cruzando diante do casino, por pouco o collen os cabalos dun coche. O cocheiro para, báixase, dille: "Señorito, dispense". Foi servidor de don Xoán. Dentro do coche, a figura do prestamista parece unha sardiña en lata. Fai que non ve a don Xoán. Ten medo dunha labazada. "Boh, o caso é que teño pazo fidalgo con escaleira de corte e escudos en Compostela", pensa acochándose coma un raposo.

Don Xoán, con dous retirados, pasea baixo os arcos da rúa. Horas sen remate. Mais el figura non decatarse. As fillas estarán cosendo e non convén estorbalas.

R. Otero Pedrayo: O fidalgo e outras narracións

A música calada, a soedade sonora