Esta escena atrajo la atención de los conservadores del Museo de Historia de Madrid desde que la galería Ana Chiclana la expuso en su stand de la pasada edición de Feriarte, aunque no ha sido hasta ahora cuando se ha podido hacer efectiva la venta. Una partida presupuestaria dedicada especialmente para adquisiciones en galerías, ha permitido al centro público costear las cinco cifras que ha tenido que pagar por la pieza.
La relevancia de este bodegón costumbrista para los fondos del museo madrileño resulta innegable, ya que los elementos de la escena están cargados de significado histórico. Por un lado, el barrilete realizado en vidrio blanco de leche remite a la Real Fábrica de la Granja, mientras que en la etiqueta de la botella de aguardiente situada en el extremo derecho se puede leer lo siguiente: “Mateo Richard exdirector de la extinguida Real Fábrica de Licores de Madrid”. Este dato ha resultado fundamental para el concretar la datación de la pintura, fechada en torno al 1800.
Cabe destacar su buen estado de conservación. Pero al margen de su calidad artística, este bodegón es, como decíamos, un testimonio histórico de las costumbres típicas del Madrid de finales del siglo XIX.







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