Amosando publicacións coa etiqueta libros e bibliotecas. Amosar todas as publicacións
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xoves, 29 de febreiro de 2024

O Pergamiño Vindel

 En febreiro de 1914, na revista Arte español. Revista de la Sociedada de Amigos del Arte, e baixo pseudónimo, o libreiro Pedro Vindel dá a coñecer a descuberta dun manuscrito que contén as sete cantigas de amigo de Martín Códax, encontrado servindo de forro a un exemplar de De officiis de Cicerón.

O pergamiño ten sete cantigas de amigo e a música de seis delas:
“Todo el pergamino parece de la misma mano, y se halla escrito con tinta negra el texto, y los pentagramas con tinta roja. Las iniciales son de dos tamaños: una grande al principio de cada pieza musical, y algo más chicas las de cada estrofa, hechas en colores azul y rojo. La sexta canción sólo tiene los pentagramas, no habiéndole puesto la música, acaso porque se cantaría con los mismos tonos o aires que alguna de las otras que contiene este pergamino...”
O diplomático e musicólogo Rafael Mitjana compraría este pergamiño coa intención de estudar a súa música. Despois da súa morte sería adquirido polo bibliófilo Otto Hass e logo posto á venda en Londres, onde foi adquirido por The Morgan Library de Nova York e onde está desde 1977.
En 2017, 40 anos despois de ser adquirida, e por primeira vez na historia, o pergamiño sería exposto ao público. Foi en Galiza e no Museo do Mar en Vigo.

luns, 28 de agosto de 2023

Los cinco amores de Federico

Pero, antes de entrar en ello, Pablo-Ignacio de Dalmases resume brevemente los que fueron los cinco grandes amores de Federico García Lorca y su evolución ideológica. 
El primero, quizá el más literario y cinematográfico, fue Salvador Dalí. “Conocido por su postura antimonárquica y surrealista, Dalí termina adoptando una posición conservadora, distanciándose de las ideas de juventud”, relata el periodista, que enfatiza la “ambigüedad sexual” del pintor surrealista, lo que plantea interrogantes sobre la naturaleza sexual de su relación con Lorca y su posterior matrimonio con Gala.

Su relación fue profusamente tratada -e inmortalizada-, al igual que también es muy conocido otro de sus noviazgos, el que mantuvo con Emilio Aladrén, un escultor de gran atractivo físico que Lorca conoció a través de Maruja Mallo, y con el que mantuvo una relación bastante desdichada. De nuevo, por encima de ideologías. Aladrén, según Pablo-Ignacio de Dalmases, acabó en la Falange y, después de la Guerra Civil, acabó como escultor de prohombres franquistas.

A Aladrén le sigue, cronológicamente, Rafael Rodríguez Rapún, actor y futbolista al que Lorca llamaba cariñosamente Tres Erres, al que conoció cuando era secretario de La Barraca y que, al contrario de sus amores anteriores y posteriores, mostró congruencia con sus ideales socialistas incluso en tiempos de guerra. Su compromiso con las Juventudes Socialistas y su participación en el Ejército Popular lo acabaron llevando a la muerte en Santander en 1937, en plena contienda y justo un año después del asesinato de Lorca.

El cuarto amor que cita De Dalmases no fue carnal. “Fue un amor por correspondencia, pero nunca llegaron a convivir”, explica. Se trata de Eduardo Rodríguez Valdivieso, un trabajador de banca granadino al que Lorca conoció en 1932, en una fiesta de máscaras, y con el que se estuvo carteando durante un año. “Fue un amor muy puro, muy platónico, pero otro amor casi imposible”, señala el periodista, que, aunque no ha encontrado datos relevantes de su peripecia posterior, todo le lleva a pensar que Rodríguez Valdivieso sobrevivió a la Guerra Civil y se integró en el franquismo -o, al menos, duda de que militara en el antifranquismo-.

Y, aunque a Rodríguez Rapún siempre se le ha considerado el último amor carnal de Lorca, el autor de Los novios de Federico apunta que existió una relación importante posterior. Según su investigación, el último gran amor de Lorca fue el periodista y crítico Juan Ramírez de Lucas, un adolescente de 17 años -por los 37 que tenía entonces el autor de Bernarda Alba-. Es aquel “rubio de Albacete” con el que el poeta inició una relación que se rompió por el rechazo de la familia, y que volvió a evidenciar la paradoja ideológica.

Y es que, según el historiador, tras la guerra civil española, Ramírez de Lucas se unió al ejército franquista y participó en la División Azul, recibiendo incluso condecoraciones por ello. A su regreso, se integró en la sociedad de la posguerra y desarrolló una carrera como periodista, trabajando para medios de comunicación como ABC. [...]

Algunos autores, de hecho, vinculan a varios de estos hombres con los Sonetos del amor oscuro, unos versos cuya redacción comenzó en 1935, meses antes de ser asesinado, y que permanecieron inéditos durante casi cincuenta años. La mayoría de expertos consideran que ese “amor oscuro” es Rodríguez Rapún, si bien algunos poemas ambientados en Castilla-La Mancha también podrían apuntar a Ramírez de Lucas, natural de Albacete.

El libro que publica Cántico, sin embargo, añade una anécdota que lo niega. Ocurrió en 1984, cuando los Sonetos del amor oscuro se publicaron en conjunto en el diario ABC. Cuenta Pablo-Ignacio de Dalmases que aquella fue una exclusiva que consiguió Luis María Ansón cuando estaba al frente del periódico y que, cuando los publicó, llamó a su puerta Ramírez de Lucas. Allí, en aquel despacho y con la exclusiva sobre la mesa, le contó a su director que él fue el último amante de Lorca.

Ansón le preguntó entonces si esos versos estaban dedicados a él, a lo que Ramírez de Lucas le contestó: “Yo con Lorca siempre tuve un amor tranquilo. Y esos son versos de un amor despiadado”. Todo apuntaba de nuevo hacia Rodríguez Rapún, como indican la mayoría de expertos. Pero el amor no entiende de análisis literario. Y aquel periodista y crítico volvió durante un segundo a ser El rubio de Albacete y sentenció a la expareja de Lorca con otra frase que recoge el libro: “Ramírez Rapún no se merecía el amor de Federico. Era tan cerdo que se acostaba con mujeres".

Artigo completo de de Diario de Córdoba, aquí

martes, 7 de marzo de 2023

El British Museum ocultó que había comprado incunables de la Seo

 La British Library se creó en 1973. Hasta entonces, los fondos bibliográficos antiguos de Gran Bretaña dependían del British Museum. En 1961, cuando estalló el escándalo de los libros de la Seo, se movilizaron la Policía Española, Interpol, el FBI y Scotland Yard. También las autoridades franquistas. El agregado cultural de la Embajada en Londres, Xavier de Salas, envió en septiembre de 1961 una lista de los libros desaparecidos al British Museum. Su director, Frank Francis, le prometió ayuda. Cuando la investigación interna llegó a George D. Painter, conservador de la sección de Incunables, el tema dio un giro inesperado. Encabezó su primer informe así: "He marcado este informe como ‘Confidencial’, porque supongo que será preferible para el museo que la información sobre este asunto no se extienda".

Durante el trabajo de investigación para su libro ‘A Sorry Saga’, John Paul Floyd tuvo acceso a los informes confidenciales que se cruzaron en el seno de la prestigiosa institución británica, que no queda en muy buen lugar. El British compró los libros pensando que su origen era legítimo pero, cuando vio que no era así, retuvo información importante a las autoridades españolas, pese a que les habían prometido ayuda.

En ese primer informe ‘confidencial’, Painter aseguraba que el inventario español carecía de precisión y que, por ello, "sería imposible que la biblioteca de la catedral identificara algún libro como suyo a partir de su propia descripcion. No obstante, considero que los cinco libros siguientes, todos adquiridos por el museo en los siete últimos años, pueden provenir de la biblioteca de la catedral de Zaragoza". Y citaba incunables de Santo Tomás de Aquino, Aristóteles, Nicolaus Perottus y Stephanus de Flandria. "Sospeché de estos libros al verlos en la lista de los desaparecidos -añadía en el informe-. Son de la mayor rareza, todos menos el último se remontan a los albores de la imprenta en España y han llegado a nuestras manos en muy pocos años. Hay también otra razón. Siempre había supuesto que estos libros españoles podrían haber llegado a [los libreros] Davis y Witten a través de un marchante de Barcelona llamado Ferraioli (sic). Witten ha vendido recientemente un sensacional manuscrito de tema americano. Ese manuscrito me lo trajo Davis al museo hace unos cinco años acompañado por Ferraioli, que entonces era su dueño".
Pagó 2.343 libras y 18 chelines

En su informe, Painter añade que Witten le dijo que el origen de los libros era "legítimo" y que procedían "de una biblioteca eclesiástica española que no desea que se conozca su disolución". Dice que sabe que Ferrajoli ha sido detenido y encarcelado por el caso de los libros de la Seo, aunque cree que los compraba "de buena fe". Abre una vía de escape subrayando que "en los ejemplares del Museo no hay señales que indiquen que hayan pertenecido a la catedral de Zaragoza ni a ninguna otra biblioteca institucional" y señala algunas incongruencias acerca de sus medidas respecto a las que figuran en la lista enviada desde Zaragoza. 

Los últimos párrafos del informe confidencial son los más expresivos. "El museo pagó 2.343 libras y 18 chelines por estos libros, que constituyen la espina dorsal de la colección para el periodo más temprano de la imprenta en España. Si los enviáramos (a Zaragoza) para que los inspeccionaran y dijéramos que pueden ser de su propiedad, la Iglesia los reclamaría diciendo 'sí, son los que hemos perdido'. Y el museo perdería tanto los libros como el dinero invertido en ellos sin esperanza de recibir compensación alguna. La Iglesia no podría probar que son de su propiedad, ya que no hay evidencia directa de que en algún tiempo le pertenecieran (...). Considero, al igual que el Sr. Nixon, que no sería correcto que el museo se desprendiera de estos libros o incluso que revelara su existencia aquí. Recomiendo que el museo responda que no ha sido posible identificar o rastrear ninguno de los incunables desaparecidos de la biblioteca de la catedral de Zaragoza".

Cuando el superior de Painter trasladó el informe confidencial al director del British Museum, lo hizo añadiendo una nota personal: "Adjunto el informe de Painter sobre los incunables desaparecidos en Zaragoza. Apoyo su sugerencia de que informemos a De Salas, con pesar, que no podemos identificar ninguno de los libros desaparecidos como presentes en el British Museum. Cualquier aceptación de que podríamos haber adquirido algunos nunca podrá ser corroborada y sólo generaría sospechas. (Puede imaginarse lo que diría la prensa española si admitiéramos tener algunos libros que podrían proceder de Zaragoza y, sin embargo, nos negáramos a devolverlos)".Cuando el superior de Painter trasladó el informe confidencial al director del British Museum, lo hizo añadiendo una nota personal: "Adjunto el informe de Painter sobre los incunables desaparecidos en Zaragoza. Apoyo su sugerencia de que informemos a De Salas, con pesar, que no podemos identificar ninguno de los libros desaparecidos como presentes en el British Museum. Cualquier aceptación de que podríamos haber adquirido algunos nunca podrá ser corroborada y sólo generaría sospechas. (Puede imaginarse lo que diría la prensa española si admitiéramos tener algunos libros que podrían proceder de Zaragoza y, sin embargo, nos negáramos a devolverlos)".
"Mi querido De Salas: Acabo de recibir un informe de nuestro Departamento de Libros Impresos sobre los incunables que faltan en la Biblioteca de la Catedral de Zaragoza que complementa las observaciones que ya le envié de nuestro Departamento de Manuscritos. Me temo que al Departamento de Libros Impresos le resulta difícil, a partir de los asientos del catálogo, que están basados en fichas realizadas en 1937/38, identificar ediciones sin impresor y lugar o fecha de impresión, y menos aún identificar ejemplares individuales a partir de la información facilitada. Del mismo modo, sería imposible para la Biblioteca de la Catedral identificar alguno de sus libros a partir de las descripciones del catálogo. Por lo tanto, no hemos podido identificar como procedentes de la Biblioteca de la Catedral ningún libro que haya pasado bajo nuestro conocimiento durante los últimos años. No obstante, como hemos visto el catálogo, le trasladaremos cualquier información que podamos tener en el futuro. Muy atentamente, Sir Frank Francis".
Artículo completo de El Heraldo de Aragón, aquí

luns, 27 de febreiro de 2023

Peridis y Beato de Liébana

Beato de Osma, f°139 Las Ranas
 José María Pérez González, siempre conocido como Peridis, ha publicado una novela sobre “el artista español de más categoría de la Edad Media, Beato de Liébana, hoy famoso a nivel mundial”, dice en su casa, en Madrid. “Personaje fascinante”, fue un teólogo del siglo VIII que ha dado nombre a unos códices ilustrados, los beatos, “de los que quedan una treintena en todo el mundo, la mayoría en España, pero también los hay fuera, como en la Biblioteca Nacional de París, en bibliotecas de Estados Unidos…”, señala Peridis mientras hojea el facsímil de uno de ellos, el Beato de Valcabado, cuyo original está en la Biblioteca Histórica de Santa Cruz, de la Universidad de Valladolid. La relevancia de Beato, unido a que Peridis nació hace 81 años en Cabezón de Liébana (Cantabria), “a cuatro kilómetros” del monasterio en el que moró el religioso, y a que es dibujante, motivó que se decidiera a contar sus vicisitudes en El cantar de Liébana (Espasa). Un libro en el que reivindica “la visión ibérica que había en aquella época del bien y el mal, porque los beatos son parte de nuestra memoria”. [...]

Peridis se ha entregado a la máxima horaciana de deleitar enseñando. Él es primero que ha aprendido de Beato, “que probablemente nació hacia el 730 y se sabe que huyó de Córdoba, más o menos con 40 años, a Liébana, zona cristiana, y que estaba bajo la férula del arzobispo de Toledo, Elipando, primado de España”.

Pero Beato se rebela contra su jefe porque este, “para tener una entente con los musulmanes”, que habían invadido la Península en 711, “adoptó la doctrina del adopcionismo, que sostenía que Jesucristo era hijo adoptivo de Dios, lo que desafiaba los fundamentos de la fe cristiana, como la divinidad de Cristo y su resurrección”, explica. El monje se va de la España musulmana a un monasterio en Cantabria, hoy conocido como Santo Toribio de Liébana, “donde vive hasta los sesenta o setenta años”. Allí se marca como misión refutar la doctrina de Elipando escribiendo “en un latín muy poco culto, según los expertos”, sus célebres Comentarios al Apocalipsis de San Juan. “Como sus argumentaciones teológicas resultan muy farragosas y él quería llegar a todo el mundo eclesiástico, incluye en los pergaminos unas imágenes muy potentes, cuasi psicodélicas”.

Ha nacido el códice conocido como Beato de Liébana. “Un corta pega maravillosamente ilustrado, aunque infumable para la lectura actual. Es un refrito porque Beato cogía una frase de un santo padre del Evangelio, aunque no decía de quien, y añadía sus comentarios, pero tampoco aclaraba qué parte del texto era suya y cuál no. Es un hombre que intenta nada menos que explicar lo que quería decir el Apocalipsis”.

¿Fue él el artista que iluminó ese y otros manuscritos? “Mi impresión es que en el monasterio montó un buen scriptorium en el que se hacían copias” (sala dedicada a este fin como la que puede verse en la película El nombre de la rosa). “Creo que fue el patrono de aquellos ilustradores. Esas obras eran como los cómics de hoy, con un argumento, que Jesús era hijo de Dios y que los que predicaban el adopcionismo son herejes. Beato escribe entre líneas, como se hacía en la Transición, porque no cita a su jefe ni al islam”.

La fe de Beato y su habilidad como comunicador lograron movilizar a Carlomagno y al Papa contra su superior, que acabó excomulgado. “Y el libro se convierte en un best seller del que se harán copias a lo largo de cinco siglos, seguirá vigente gracias a las Cruzadas y la Reconquista, pero cada ilustrador crea sus propias imágenes según la época, como pasó con el Quijote, con lo que cada beato es distinto”. Curiosamente, el beato primerizo no se ha encontrado, aunque hoy quedan descendientes como el mencionado Beato de Valcabado, en Valladolid, o el Beato de San Andrés de Arroyo, en París, en la Biblioteca Nacional de Francia.



¿Por qué Beato, que murió en torno al 800, se fijó con el Apocalipsis y no con otros textos sagrados para echar un pulso a Elipando? “El Apocalipsis había sido un libro de resistencia en la época de Diocleciano”, emperador romano que persiguió con especial odio a los cristianos. “Y como estamos en época de los musulmanes en la Península, Beato siente que su iglesia está perseguida, que los cristianos eran ciudadanos de segunda”. El apocalipsis para estos bellísimos manuscritos llegó con la desamortización, en el siglo XIX: “Los conventos estaban en ruinas y antes de que se vinieran abajo, vendían su beato”.

martes, 31 de xaneiro de 2023

Casa invadida

Morre en Alemaña o propietario da que podería ser a biblioteca privada máis grande de Westfalia, con ata 70.000 libros. Era un enxeñeiro de minas de Mettingen, que convertera a casa familiar nunha biblioteca, sendo el mesmo quen construíra e deseñara as estanterías.
O coleccionista era Bruno Schröder, que traballou baixo terra na mina de Ibbenbüren e faleceu o ano pasado aos 88 anos; a viúva vive agora nunha residencia de anciáns, e Renate Abeln, a titora legal da muller, busca persoas interesadas na colección. "Era unha persoa especial, moi reservada. Os seus libros eran sagrados para el. Rexistraba todos no ordenador e gravaba cada detalle", conta a supervisora Abeln, que o coñeceu persoalmente.
Leu todos eses libros? "Non, non creo. Pero algúns deles si", di Renate Abeln. "Pasou moito máis tempo recollendo os libros e atopando un lugar axeitado para eles na casa". O mineiro construíu el mesmo os estantes no seu pequeno obradoiro do soto, e a biblioteca esténdese por todos os recunchos de tellado para abaixo, mesmo no dormitorio.

xoves, 16 de xuño de 2022

El soldado republicano que salvó un valioso documento medieval

 Lo tenía el hijo de un soldado republicano en la Guerra Civil española. Guardado con esmero en su casa de Barcelona. Sobre la mesa de la habitación contigua al salón. Envuelto en una espuma de conservación blanca y un paño, como lo había guardado su padre durante décadas en un altillo de la casa, desde finales de 1938. “Lo iban a echar a una pira de libros que habían hecho en el suelo, lo vi, y me lo metí en el morral”, contó el soldado a sus padres tras regresar vivo a casa; y, muchos años después, le relató la anécdota a sus hijos. Todos en la familia conocían “la historia del códice de Brihuega”, pero nunca lo habían visto. Nunca hasta que murió aquel soldado republicano, y vaciaron la casa, y el altillo.

El pasado 5 de mayo, María Méndez, directora del departamento del libro antiguo de la casa de subastas catalana Soler y Llach, condujo hasta el domicilio del hijo de aquel miliciano a un teniente del grupo de Patrimonio Histórico de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. “El señor, que quería preservar su anonimato, me había mandado una fotografía y yo ya había ido a examinarlo previamente”, cuenta Méndez. “Tras escuchar su relato, me di cuenta de que la pieza no tenía solo un valor monetario, sino que tenía principalmente un valor histórico, archivístico y de memoria”, explica para argumentar por qué le puso en contacto con los agentes del instituto armado.

El hijo del soldado, ya con 80 años y en silla de ruedas, pidió a Méndez que pusiera el libro sobre la mesa del salón. Los tres la observaron: un códice de mediados de siglo XIII, con 70 páginas de pergamino y tapas de madera de nogal, en el que el arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada, concedió en 1242 el fuero a la villa de Brihuega (Guadalajara).

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mércores, 9 de febreiro de 2022

Luis de Vega: El mundo en un piso de Kiev

 “¿Conoce usted Sanlúcar de Barrameda?”, le inquiere al sorprendido reportero onubense Valerian. Apenas puede incorporarse de la cama en el salón de su piso de Kiev. La localidad gaditana es el detonante para que recuerde la expedición que estrenó la circunnavegación de la Tierra hace cinco siglos. “Sevilla es de donde Magallanes y Elcano salieron a dar la vuelta al mundo. Solo llegaron de regreso 18 marineros en la nao Victoria. Trajeron especias y el dinero que ganaron con ellas cubrió los gastos del viaje”. Es un resumen somero, pero que explica la pasión de este hombre —y su mujer— por los libros, el arte, los viajes, la cultura y la historia. Sobre el lecho de este antiguo marino, de manos como remos y zapatos como barcas, cientos de libros ocupan toda la pared de la estancia. No se mueve de la cama durante la visita de una hora, en la que apenas se toca de manera tangencial la guerra que asola Ucrania estos días. Su locuacidad y memoria chocan con su físico desvencijado.

Valerian y Raisa Pavlenko, de 86 y 85 años, abren las puertas de su casa con absoluta confianza tras una pregunta casual del periodista a la mujer delante de su portal en el centro de la capital de Ucrania, el martes. La presencia de un control con varios hombres armados a una decena de metros advierte de que la guerra acecha aunque los combates no han llegado hasta aquí todavía. Valerian deja el libro que está leyendo y entabla de inmediato una conversación con el visitante con ayuda del intérprete que lo acompaña como si la tuviera prevista desde hace tiempo. De su viaje a España en los años ochenta rememoran la Barcelona de Antonio Gaudí o “la ciudad del Greco”. “¡Eso, Toledo!”, afirma él tras no recordarlo en un primer momento.

Señalando el mueble, se refiere a una de las obras que hay en uno de los extremos como su favorita. En un tomo grueso, It’s Me O Lord, la autobiografía del pintor y viajero estadounidense Rockwell Kent (1882-1971). Habla de él y su trabajo con pasión, se extiende en las etapas de su vida y sus expediciones que va entrelazando con las que, a mediados del siglo pasado, él mismo realizó por todo el mundo en diferentes barcos cuando trabajó de marino, para lo que se licenció en San Petersburgo. Argentina, Cuba, el océano Índico, el mar Rojo… “Me enamoré de Copenhague, con la estatua de La Sirenita en honor a la obra de (Hans Christian) Andersen. Hicimos muchas fotos”. “Yo ahora mismo seguiría viajando, pero por desgracia no puedo. Ahora paso la mayoría del tiempo en casa”, lamenta.

Interviene también, sentada junto a él, Raisa, que no se jubiló hasta el año pasado tras 65 años de bibliotecaria. Todos en la Biblioteca Americana de Kiev, afirma. Entre los dos dibujan una vida que comenzaron juntos siendo niños cuando coincidieron en el mismo colegio de la ciudad. Viven desde 1961 en un humilde apartamento de la sexta planta que tienen lleno de fotos, cuadros y recuerdos de todo tipo, como un vasito de plástico con una muñequita vestida de flamenca. Raisa insiste en que se vale ella para salir a la calle, comprar y cocinar, pero que cuando suenan las alarmas ante un posible bombardeo, que es con enorme frecuencia estos días, no bajan al refugio del sótano. No descartan tener que trasladarse a casa de uno de sus hijos si la guerra llega al centro de Kiev.

La mujer reconoce que le costaría alejarse de estas paredes, que son un recuerdo vivo de los viajes y vivencias de toda una vida. En la estancia contigua, junto a una foto de boda en la que no aparecen vestidos de novios, luce un óleo. Es del que más orgullosos se sienten. El autor es Iván Marchuk, un reconocido pintor contemporáneo nacido en 1936. “Yo fui la primera en colgar sus cuadros en la biblioteca”, afirma Raisa al tiempo que muestran en la estantería varias fotos en las que aparece su amigo Marchuk, acosado en tiempos por los servicios secretos de Moscú, que lo consideraban contrario a los intereses centralistas de la URSS.[...]

Ambos, sin embargo, no quieren que acabe la conversación sin denunciar que el actual conflicto que sufren se debe a la manipulación histórica de Vladímir Putin, presidente de Rusia, y al abandono del resto de países europeos. No dilapidan la memoria soviética, pero desdeñan lo que consideran que sería una marcha atrás después de su nacimiento como país. “Ucrania debe permanecer independiente. Absolutamente”, zanja ella.

Artigo de Luis de Vega en El País (9.2.2022)

A música calada, a soedade sonora