Dado el precio de los condones, decidimos cerrar la pareja.
Por lo menos, hasta que uno de los dos encontrase trabajo.
Dado el precio de los condones, decidimos cerrar la pareja.
Luego se vistió y se marchó, con un último beso y un «gracias», todo correcto pero nada más.
Por un lado me alegró, porque no me apetecía dormir acompañado esa noche y menos con un desconocido. Pero el polvo no había estado mal y no me hubiera importado volver a verle. Tampoco yo le dije nada. Pero era un golpe a mi autoestima. Aunque no quisiera verle de nuevo, quería que a él sí le apeteciese.
Entré al baño para mear antes de acostarme.
Y mientras tiraba de la cadena, empecé a reírme: había escrito su número de teléfono en el vaho de la mampara de la ducha.
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| Florian Hetz: Pierre |