Amosando publicacións coa etiqueta casas e tobos. Amosar todas as publicacións
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sábado, 13 de xullo de 2024

Glosario

É a equivalente propiamente galega da forma inglesa hall. Procede do baixo latín ASTRACUM, e este do grego ástrakon ('pavimento')

martes, 19 de decembro de 2023

 El hogar no es donde naciste. El hogar es donde cesan todos tus intentos de fuga.

Naguib Mahfuz

sábado, 3 de xuño de 2023

Döstädning

 Cuando Margareta Magnusson (Gotemburgo, Suecia, 89 años) se puso a vaciar la casa de su padre tras la muerte de este, encontró en el fondo de un cajón del escritorio del despacho en el que había trabajado como médico a lo largo de toda una vida un enorme paquete. Era un bloque de arsénico. “Supongo que, en tiempos de guerra, era algo que la gente tenía en casa en caso de necesidad”, explica Magnusson, desde Estocolmo y por videollamada, a EL PAÍS. El bloque de arsénico llevaba en aquel cajón desde la II Guerra Mundial, cuando la familia temía la invasión de los nazis. Y ahí se quedó durante más de 30 años. Magnusson no tenía muy claro qué hacer con aquello. El arsénico, desgraciadamente, no venía con una etiqueta informativa que indicase a qué contendedor debía tirarse. Finalmente, decidió llevárselo a su farmacéutico de confianza que, aunque se quedó un tanto perplejo al ver aquel bloque de veneno, se hizo cargo de él.

“Mi madre, en cambio, era una mujer muy ordenada, sabia y realista”, explica Magnusson. Pasó una larga temporada enferma antes de morir. Cuando Magnusson comenzó a vaciar su casa tras su partida, encontró una serie de notas prendidas entre su ropa y sus objetos que indicaban qué debía hacer con todo aquello. Había algunos paquetes dispuestos para donar a la beneficencia, algunos libros que devolver a sus propietarios o un traje antiguo que llevar al Museo de Historia, con una nota sujeta con un alfiler en la solapa, donde incluso figuraba el nombre de la persona a la que debería contactar. “Aquello fue un alivio y, en cierta forma, sentí como si mi madre todavía siguiera allí conmigo, guiándome y ayudándome durante todo aquel proceso”, relata. En aquella ocasión, vaciar el hogar de posesiones y recuerdos le resultó un proceso mucho más sencillo y, por fortuna, no requirió ninguna visita a su farmacéutico.

Artigo en EP (03.06.2023)

martes, 11 de abril de 2023

Vaciar pisos de lujo: “Lo que para ti son trastos, para otros son tesoros”

“Cuando entras a una casa, los objetos cuentan historias, cuentan tu vida. Nos dicen dónde has estado de viaje, si te gusta o no te gusta cocinar, si eres aficionado al tenis o si juegas al golf, si lees y qué lees, si escuchas música y qué música te gusta, si tienes o no hijos. Los objetos no mienten. Hace poco, estuvimos en una casa donde encontramos botes de farmacia, un microscopio, un vademécum y yo pregunté: ‘¿Médico o farmacéutico?’. Era médico”, cuenta a EL PAÍS Astrid Romero, quien, junto a su socia María López, fundó en 2018 Arquitectura del Orden, una empresa que se dedica a ordenar trastos para vaciar hogares, organizando mercadillos en las propias casas que necesitan liberar espacio y que funciona, principalmente, gracias al boca a boca y al crecimiento de su coqueta cuenta de Instagram, donde acumulan cerca de 31.000 seguidores. 

Nos encontramos en la última planta de un imponente edificio de la madrileña calle de Lagasca, un ático de grandes dimensiones y una deliciosa terraza por donde la luz entra a raudales, iluminando todos los rincones. Aquí dentro todo está patas arriba. Sobre la encimera de la cocina se exponen vajillas familiares, libros de cocina, pequeños y grandes electrodomésticos, cazuelas, bandejas, fuentes y morteros. En el salón, todavía dentro de una caja aunque lista para ser colocada en un lugar de preferencia, se encuentra una vajilla inglesa Spode del siglo XIX, de porcelana esmaltada en azul, a punto de ser instalada sobre una imponente mesa de madera maciza. También hay muebles y lámparas de estilo modernista, óleos con naturalezas muertas, divanes, sillas y sillones, jarrones con florituras, mesitas auxiliares de cristal, ceniceros, libros. En una de las habitaciones principales, encontramos sobre la cama sábanas, edredones y mantas, bordadas con las iniciales de la familia. Todo lo que hay alrededor—desde los cucharones de cocina hasta los abrigos que cuelgan en los armarios— está a la venta. En menos de tres días, una ingente cantidad de personas ajenas por completo a quienes habitaron entre estas paredes vendrán a llevarse un pedacito de su historia a precio de saldo.

Artigo completo en El País (25.03.23)

venres, 17 de marzo de 2023

Ruína do Colexio dos Irlandeses de Compostela

 Cuenta una persona cercana a los siete herederos del Pazo dos Irlandeses de Santiago que, entre “un montón” de ofertas de cadenas hoteleras que recibieron, hace pocos años el Centro de Estudios Irlandeses de Lovaina quiso retomar la sorprendente historia del palacete compostelano abriendo en él un colegio universitario. La institución de Lovaina data de 1607, poco después de que se fundase en Santiago el que fue durante 164 años refugio y bastión de católicos irlandeses durante las persecuciones ordenadas por Isabel I de Inglaterra para imponer el anglicanismo. Felipe II y familias escapadas de aquel país promovieron la creación de este y otros centros similares en España (Alcalá, Valladolid, Sevilla), en relación con otros 25 que surgieron por toda la Europa católica. Desde 1605 hasta 1769, cuando el inmueble ya estaba bajo el control de los jesuitas y después de que estos fueran expulsados (1767), el Colegio de Irlandeses en la meta de los caminos jacobeos se dedicó a formar futuros sacerdotes católicos para reevangelizar la isla.

La gran mayoría, tal y como revelan los listados y genealogías que aún guardan los dueños del pazo, eran hijos de familias nobles de Irlanda, que venían como niños y regresaban a su país como abanderados de San Patricio, el patrón nacional que se festeja cada 17 de marzo. Hoy, en medio de una guerra judicial y un largo pulso administrativo con el Ayuntamiento de Santiago, la mansión ubicada en el corazón de lo que llaman la “almendra” monumental de esta capital Patrimonio de la Humanidad agoniza, se rompe, se empapa con la lluvia y, según informa el consistorio, ha entrado a formar parte de la lista de 125 inmuebles “en ruina o próximos a la ruina” de la Compostela histórica. [...]


Poca gente, en Santiago, conoce la belleza que el pazo esconde en su jardín; sus galerías traseras de madera, de hierro y de vidrio de colores; su monumental escalinata interior; sus tallas antiguas de santos; el San Patricio en piedra policromada que vigila el pórtico del patio central; sus muebles de época, sus molduras, sus baldosas hidráulicas; o la ingente cantidad de documentos históricos que perduraron entre sus muros de granito a pesar de los sucesivos cambios de dueños y de usos. Todos los consultados coinciden en que el conocido como Pazo dos Irlandeses o de Ramirás, en el número 44 de la Rúa Nova, es la “gran maravilla sin descubrir” del listado de inmuebles en peligro. Allí se rodaron tres películas y, antes de la pandemia, cuando entró en una programación de rutas guiadas a los tesoros ocultos de la ciudad —Patrimonio Invisible—, se convirtió en la visita más demandada.

La familia Harguindey, repartida entre Vigo y Madrid, que posee el pazo “desde hace unos 140 años” según explica la persona relacionada con los herederos, concedía a todo ciudadano irlandés que se presentase el “privilegio” de verlo por dentro. Hasta 2022 solo había que preguntar en una farmacia cercana, y en la botica contactaban con Santiago Álvarez, un vecino de 80 años que de niño celebró allí su comunión y luego fue guardés. Álvarez seguía conservando un manojo de llaves para abrir la puerta a los peregrinos y turistas procedentes de Irlanda, algo que no estaba al alcance de los compostelanos. “Ahora ya no las tiene”, informa la misma fuente, “se las tuvieron que pedir para dárselas al arquitecto, porque ya están hablando con constructoras y tramitando un crédito para acometer una obra faraónica: sustituir por completo la cubierta y restaurar el escudo”.


[...] Desde el siglo XVIII, el solar que había acogido una de las sedes primigenias de la Universidad de Santiago y el colegio para irlandeses sufrió transformaciones. Fue reconstruido, engrandecido; sirvió de vivienda particular; de residencia de estudiantes en la que llegó a alojarse un tótem de la cultura gallega, el escritor Ramón Otero Pedrayo; fue Cámara de Comercio y local del Colegio de Licenciados en Filosofía y Letras. Hasta hace 18 años, lo habitaron varias hermanas Harguindey, pero ahora está vacío y, a juzgar por el agua que llega a la planta baja, inhabitable.

Artigo completo de Silvia R. Pontevedra (EP 17.03. 2023), aquí

martes, 31 de xaneiro de 2023

Hub Island (Nova York), a illa habitada máis pequena do mundo: 310 m2

Casa invadida

Morre en Alemaña o propietario da que podería ser a biblioteca privada máis grande de Westfalia, con ata 70.000 libros. Era un enxeñeiro de minas de Mettingen, que convertera a casa familiar nunha biblioteca, sendo el mesmo quen construíra e deseñara as estanterías.
O coleccionista era Bruno Schröder, que traballou baixo terra na mina de Ibbenbüren e faleceu o ano pasado aos 88 anos; a viúva vive agora nunha residencia de anciáns, e Renate Abeln, a titora legal da muller, busca persoas interesadas na colección. "Era unha persoa especial, moi reservada. Os seus libros eran sagrados para el. Rexistraba todos no ordenador e gravaba cada detalle", conta a supervisora Abeln, que o coñeceu persoalmente.
Leu todos eses libros? "Non, non creo. Pero algúns deles si", di Renate Abeln. "Pasou moito máis tempo recollendo os libros e atopando un lugar axeitado para eles na casa". O mineiro construíu el mesmo os estantes no seu pequeno obradoiro do soto, e a biblioteca esténdese por todos os recunchos de tellado para abaixo, mesmo no dormitorio.

A música calada, a soedade sonora