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mércores, 24 de maio de 2023

Doris Lessing: Canta la hierba (1950)



… la sociedad gobernada por Lobengula se regía por leyes estrictas: todo el mundo conocía los límites que no debía traspasar. Cuando alguien cometía un acto imperdonable, como tocar a una de las mujeres del Rey, se sometía con total fanatismo al castigo, que solía consistir en el empalamiento sobre un hormiguero o una hoguera, o algo igualmente desagradable. “Soy consciente de que he obrado mal -decía-. Por lo tanto, pido que se me imponga una pena”. La tradición mandaba afrontar el castigo, y no cabía duda de que había algo hermoso en ello. 

(Canta la hierba, pág. 16).

domingo, 4 de decembro de 2022

O soño de Anwar terminou ás portas de Melilla

 

Abdelaaziz Yaakoub; á dta, examinado pola policía marroquí
tras saltar o valo de Melilla
La última vez que Aisha Yaakoub, de 48 años, vio a su hermano menor fue en una videollamada el 14 de junio. Ella estaba en Jartum, la capital de Sudán, y él en Marruecos, preparándose para cruzar a España. Se lo veía más delgado. Contó que la vida en el bosque no era fácil, que llegaba a pasar dos días sin llevarse algo a la boca, que buscaba comida en la basura o que acababa repartiéndose una galleta entre cuatro. Aisha, por enésima vez, le pidió entre lágrimas que regresase a casa. Él, de 27 años, 21 menos que ella, volvió a negarse, la llamaba llorona. “Déjame ir, no estoy solo”. Se despidieron y la imagen de su hermano vestido con un polo a rayas azules, rojas y blancas desapareció de la pantalla. Días después, la hermana recibió un mensaje de audio: “Aisha, estoy cruzando. Reza por mí”.

La siguiente vez que Aisha volvería a ver a su hermano Abdelaaziz Yaakoub, apodado Anwar, sería en un vídeo que empezó a circular por las redes sociales el 24 de junio. Cientos de migrantes y refugiados habían intentado cruzar el puesto fronterizo que separa Nador y Melilla, pero las cosas no salieron como habían planeado. El intento acabó en tragedia y al menos 23 personas murieron. En el vídeo, Anwar aparecía desplomado en el suelo, con los ojos semiabiertos, el cuerpo torcido y sin signos vitales aparentes. Vestía el mismo polo a rayas y unos vaqueros que le quedaban grandes. Las imágenes muestran a varios guardias marroquíes arrastrando cuerpos y entre ellos se preguntan sí Anwar está muerto. Un agente le toma el pulso y sentencia: “Está muerto”.

Artigo completo, aquí

A música calada, a soedade sonora