mércores, 31 de outubro de 2018
martes, 30 de outubro de 2018
domingo, 28 de outubro de 2018
sábado, 27 de outubro de 2018
Kenny Caufman
Alejandra Pizarnik
domingo, 21 de outubro de 2018
venres, 19 de outubro de 2018
mércores, 17 de outubro de 2018
martes, 16 de outubro de 2018
Enric González: Toshers de Londres
En London's Underworld, uno de los tomos de su enciclopédico testimonio sobre la pobreza y la delincuencia en el Londres victoriano, Henry Mayhew explica que los toshers se consideraban a sí mismos una raza superior, una élite proletaria que trabajaba por cuenta propia y que, en algunos casos, hacía fortuna:
"Muchas personas se introducen por las aberturas del alcantarillado en los bancos del Támesis cuando la marea está baja, armados con palos para defenderse de las ratas. Llevan una linterna para iluminar los tétricos pasajes y recorren millas bajo las concurridas calles en busca de los tesoros que caen desde arriba. Difícilmente puede concebirse una búsqueda más deprimente.
Muchos han caído en esos peregrinajes y no se ha sabido más de ellos; algunos se intoxican con los vapores venenosos, o se hunden en el cieno, o son presa de una banda de ratas voraces, o son sorprendidos por un súbito aumento de las corrientes."
Los toshers eran maestros en el conocimiento del complejo mecanismo de las mareas internas de la ciudad, y sabían orientarse en el laberinto subterráneo. Jamás revelaban sus conocimientos: para convertirse en tosher había que iniciarse desde niño y seguir a un veterano hasta ser capaz de orientarse solo y sobrevivir. El oficio de tosher no se enseñaba, se aprendía. Cada uno de ellos tenía en la memoria su propio manual, personal e intransferible.
Buscaban cualquier cosa: monedas, joyas, frascos, pedazos de metal. El gran tesoro, [...] era el tosherrom: un montón de monedas de cobre y plata, unidas en una especie de bola tras siglos de humedad y podredumbre.
Los toshers desaparecieron a mediados del s. XIX, cuando las desembocaduras fluviales de las cloacas fueron cerradas con rejas y el gobierno ordenó la elaboración de planos de aquel mundo hasta entonces ignorado.
Enric González: Historias de Londres (1999)
luns, 15 de outubro de 2018
sábado, 13 de outubro de 2018
Sobreviviendo solo en forma de albúmina, este Von Gloeden de finales de la década de 1890 presenta a un Giacomo Lanfranchi en proceso de maduración a la izquierda, que fue fotografiado durante su juventud por Il Maestro. El compañero de Giacomo aquí es Fausto Bracca. Ambos se unieron a las fuerzas armadas italianas en 1915; ninguno regresó a casa.
venres, 12 de outubro de 2018
Álvaro Cunqueiro: "Noticias con gallina dentro"
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| Javier Mayoral:Chickens, roosters, and cocks (2017) |
Esta es una historia, y otra la de Melzburgo, famosa abadía de damas nobles, con abadesa mitrada y las madres probando veinticuatro apellidos de nobleza. Había en la abadía una raza de gallinas, plumaje cobrizo, muy calzadas en blanco y colipavas y buenas ponedoras; decían que las trajera el Turco cuando vino por Viena, y le dieron los imperiales con las puertas y el Danubio en las narices. De Melzburgo eran los huevos hilados, que las damas mandaban a Viena, y los más de los platos montados, ya imitando montañas, ya la gruta de Belén, ya Viena con sus puentes, ya la Ópera representándose Las bodas de Fígaro de Mozart, y todo en huevo hilado, y debajo una caja de música, con toda la gracia mozartiana. Pues bien, y abreviando: un día las gallinas de Melzburgo dejaron de poner. Se acostaron en un rincón, metieron la cabeza bajo el ala, y ni comían, ni ponían, ni cacareaban. Se dejaban morir, aburridas, en una esquina del corral. De Viena pedían Sus Majestades Apostólicas -debía ser María Teresa o José I quien reinaba-, fuentes de huevos hilados, y la abadesa, que era Su Alteza Carolina de Módena, tenía que escribir que había huelga de gallinas. Por fin un día, la noble dama decidió sermonear a las gallinas:
- Amigas, les dijo, ¿de qué os quejáis? Vivís entre damas de la más alta nobleza, y sois las más nobles gallinas de Austria y del Imperio todo. Nobleza es servidumbre: vuestra obligación es poner huevos para que nosotras podamos hilarlos y landarlos a Viena, donde está nuestro Emperador y el vuestro. Si tenéis alguna queja grave, dádmela por escrito.
Las gallinas se sometieron y se pusieron a poner, y hubo de nuevo huevos hilados en Schoenbrunn. Lo que no se sabe es la queja que tenían las gallinas, porque tenían que decirla por escrito, y ninguna gallina, hasta la fecha, supo leer y escribir... Cuando las guerras napoleónicas, los franchites comieron las gallinas de Melzburgo, y allí hubo fin la aristocrática raza. Nunca se sabrá pues, de qué se quejaban las gallinas de espléndido color de cobre, la cola pavisana, de calza blanca, de discreto cacareo, acaso de la escuela de la alegre y confiada ciudad de Viena.
in O reino da chuvia (p.420)xoves, 11 de outubro de 2018
mércores, 10 de outubro de 2018
martes, 9 de outubro de 2018
luns, 8 de outubro de 2018
domingo, 7 de outubro de 2018
venres, 5 de outubro de 2018
mércores, 3 de outubro de 2018
martes, 2 de outubro de 2018
domingo, 30 de setembro de 2018
sábado, 29 de setembro de 2018
venres, 28 de setembro de 2018
luns, 24 de setembro de 2018
domingo, 23 de setembro de 2018
De Cantares galegos
de pano sedán vestido,
como un príncipe cumprido,
cariñoso e falangueiro,
entre os mozos o primeiro
e nas cidades sen par,
tiña costume en cantar
aló pola mañanciña:
-Con esta miña gaitiña
ás nenas hei de enganar.
Sempre pola vila entraba
con aquel de señorío;
sempre con puxante brío
co tambor se acompasaba;
e se na gaita sopraba,
era tan doce soprar,
que ben fixera en cantar
aló pola mañanciña:
-Con esta miña gaitiña
ás nenas hei de enganar.
Todas por el reloucaban,
todas por el se morrían;
se o tiñan cerca, sorrían;
se o tiñan lonxe, choraban.
Mal pecado! Non coidaban
que c’aquel seu frolear
tiña costume en cantar
aló pola mañanciña:
-Con esta miña gaitiña
ás nenas hei de enganar.
Camiño da romería,
debaixo dunha figueira,
canta meniña solteira
“Quérote”, lle repetía…!
E el ca gaita respondía
por a todas emboucar,
pois ben fixera en cantar
aló pola mañanciña:
-Con esta miña gaitiña
ás nenas hei de enganar.
xoves, 20 de setembro de 2018
mércores, 19 de setembro de 2018
Ylla
Tenía el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido.
Ray BRADBURY: Crónicas marcianas (capítulo II)
martes, 18 de setembro de 2018
luns, 17 de setembro de 2018
Lorca: Soneto de la dulce queja
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| Herbert List: Pola mañá (Atenas, 1937) |
Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que me pone de noche en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
tronco sin ramas, y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío.
No me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi Otoño enajenado.
domingo, 16 de setembro de 2018
sábado, 8 de setembro de 2018
mércores, 5 de setembro de 2018
Isabel Bono: "Nadie dijo que escapar fuera fácil"
aprendíamos sin querer
a vivir con lo puesto
la piel las uñas los sentidos
con los años aprendimos
a vivir con lo impuesto
el miedo el dolor la pena



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