sábado, 20 de xaneiro de 2018

De Piedad Bonnett

 ORACIÓN

Para mis días pido, Señor de los naufragios, no agua para la sed, sino la sed, no sueños sino ganas de soñar. Para las noches, toda la oscuridad que sea necesaria para ahogar mi propia oscuridad.

luns, 15 de xaneiro de 2018

George Silk: Country Boy (1940s)

Esperto e Adrián está sentado aos pés da cama.

Case sempre discutimos sobre as mesmas cousas, unha e outra vez.

Evitamos falar do importante.

Falo do que vin, do que lin, case nunca daquilo que toquei. 

Ivan baixou mercar pan e dámo aos poucos na boca.

Pedimos comida por teléfono. Fóra comeza unha manifestación.

Se non falamos das cousas importantes se cadra é porque vivimos xuntos.

Porque hai momentos en que os nosos corazóns baten dentro do mesmo cuarto e o meu estómago vaise enchendo de pan.

O mundo respira. Discutimos.

Entón pregunto:

De que cor terán os ollos os fillos cos que soñei?

E comezamos outra conversa.

Ismael Ramos: "Un poema novo", en Lixeiro

domingo, 14 de xaneiro de 2018

Almudena Grandes: Los besos en el pan (2015)


Cuando se caía un trozo de pan al suelo, los adultos obligaban a los niños a recogerlo y a darle un beso antes de devolverlo a la panera, tanta hambre habían pasado sus familias en aquellos años en lo que murieron todas esas personas queridas cuyas historias nadie quiso contarles.

martes, 9 de xaneiro de 2018

Chéviro (09.01.1983)

 Con la muerte del Chéviro, un viento de tristeza y melancolía apareció sobre la aldea, y la ciñó como un cinturón de cuerda basta, y el viento subía por las callejas de piedra mojada, y acariciaba puertas y ventanas con la misma indolencia con la que gemía el Chéviro se ha muerto, el Chéviro se ha muerto, y el viento traía el retrato del Chéviro en el aliento, el retrato de un Chéviro blanco y mojado, que se había ahogado en la acequia. Y en la acequia aún flotaba su olor y su cara, y de allí la agarraba el viento con los labios y la escupía sobre las casas de tejados de pizarra gris, y el gemido el Chéviro se ha muerto, el Chéviro se ha muerto, en el oído de todos, y todo miraban entonces al aire, y en él la cara de un muchacho que desapareció, oscuridades abajo, en la acequia, y que no fue hallado hasta el tercer día, con el pecho hinchado como una pelota y los puños cerrados, y desde aquel día el viento no cesaba de repetir que el Chéviro se ha muerto, y al viento no lo acallaba nadie, y el viento seguía y seguía repitiendo su canción hasta el hastío, y era una canción incesante y monótona el Chéviro se ha muerto, el Chéviro se ha muerto y, poco a poco, la aldea se fue haciendo pequeña y pequeña, se fue estrechando a la presión constatne del viento del Chéviro, del viento del pobrecillo tonto al que nadie entendía y al que, sólo por gastarle una broma, empezaron a llamarle Chéviro, y él se reía... 
Y la aldea se desmadejaba y de vaciaba como un gran hormiguero, y la gente se iba marchando, remordida y en silencio, y se iba perdiendo entre cientos de kilómetros y se iba olvidando de la aldea, y del viento, y del Chéviro que una vez se ahogara en la acequia, y el viento fue bajando su voz, hasta que logró meterse, dueño de todo, en las casas vacías, y el el molino, y en los almacenes y tiendas, y hasta en la iglesia. 

Los gitanos aún le pudieron oír repetir: El Chéviro se ha muerto, el Chéviro se ha muerto...

domingo, 7 de xaneiro de 2018

Acibeche

 Os anaquiños de acibeche desperdiciados polos artesáns xoieiros empregábanse para facer pezas máis pequenas, que deron en utilizarse como abelorios para os traxes femininos de gala.

xoves, 7 de decembro de 2017

Sodomitas de Valencia: V.-Caso de Joan García lbarra (1623)

Joan García lbarra, residente en Valencia, que fue en su mocedad sastre, de edad de 56 años, natural de Segura de la Sierra, fue testificado por dos testigos varones de 20 años. El primero le testificó de que había cuatro años que el reo se le hizo amigo y le llevaba a la comedia, haciéndole caricias y halagos y asiéndole de las manos, y que estando en la comedia le metió la mano y asió de las vergüenzas apretándolas, y exasperándose el testigo, el reo le dijo que se alegrase mirando las representantes y no tomase de aquello pena, y aunque diferentes veces le quiso cometer y continuar amistad, el testigo se recató, y que habiendo ido con cuidado mirando las acciones del dicho hombre le había [visto] andar apegado con muchachos por lo cual sospechaba el testigo que los inducía para las dichas torpezas, y que en particular en la iglesia mayor desta ciudad le había visto pegado en un mozo de pocos años en el día que celebraron las honras del Rey Nuestro Señor, y que parecía se tocaban las vergüenzas, por lo cual este testigo llamó a un cuñado suyo para que los viese, y también le testificó de que en los tocamientos que en años pasados había tenido, el reo había procurado meter un dedo por el trasero( ... ) [El acusado] declaró que en el tiempo que se hacían las honras de Su Majestad se halló en la iglesia mayor a oír el sermón y que se entró con un mozo debajo del túmulo y que allí le tocó sus vergüenzas y el dicho mozo, según le parece, se las tocó al reo.
A.H.N .. Inq .. lib. 939. fol. 500rº -50lrº

xoves, 30 de novembro de 2017

José F. de la Sota (Bilbao, 1960): Ciudad



Una ciudad inhóspita de cielo encapotado -algo así como un Londres cruzado con Bilbao en su peor momento-. Un lago de cemento en el centro de un parque silente de metal. Largas calles estrechas y oscuras avenidas que en la noche se encienden como venas de luz. Por su caz todo fluye. Tú alimentas al monstruo con tu vida minúscula. Sedimento de muerte, todo fluye en su caz.

A música calada, a soedade sonora